Menos intimidad y más control de las multinacionales

Rocío Calderón/CentroRed.

¿Se imagina tu día sin su Smartphone? ¿Saldría de viaje sin conocer cada detalle del futuro destino y tenerlo todo organizado? Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de convivir, nos marcan los pasos. Este aspecto tiene su lado bueno y malo. En el primer punto, nos mantiene conectados a cualquier circunstancia de nuestro entorno, tanto profesional como personal. Sin embargo, la parte negativa es obvia, el nivel de estrés ha aumentado.

La ansiedad ocasionada por el cambio tecnológico se observa en diferentes grupos de personas, que confirman su adicción  a «subir fotografías» a las redes sociales. ¿Cuál es el objetivo de este hecho? «Me gusta recibir visitas a mi perfil», indica C.T., que a sus 33 años, actualiza a diario, varias veces al día, sus perfiles de Twitter, Facebook e Instagram. «En una ocasión, me subí a un tejado para hacerme una fotografía», añade C.T. Esta persona es consciente de su obsesión, que le ha llevado a cambiarse de lo peinado más de 45 veces en 2015. Este hecho es un ejemplo, si miramos ahora a nuestro alrededor, cuántas personas están hablando con su acompañante y cuántas están conectadas al teléfono móvil.

La adicción al móvil es un hecho y el control que sufrimos de empresas como Google o Apple, también. Al usar tu cuenta de correo electrónico,  ya estás informando de cada uno de tus pasos. Un ejemplo, el buscador te crea álbumes diarios de imágenes personales y te informa del tiempo que tardarías hasta casa. Este último punto me preocupa más que el uso del móvil. Nos tienen localizados y, por supuesto, saben cómo manipularnos en cada momento.

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